3.450.262 años de duración.
Schödes deja a Ethorin y Lyane el planeta de Eikha para que gobiernen el mundo (en el año 0). La atmósfera ya había sido formada y existían pequeños seres de vida unicelular. Schödes concede Eikha a estos dos dioses para alejarlos de un planeta vecino, ocupado por otros 198 dioses más.
En un principio y debido a sus disputas, Lyane se queda con la parte superior del planeta y Ethorin la inferior (puesto que los costados del rectángulo son inhabitables), sin embargo, el uno quiere la parte que el otro tiene, por lo que empezó una gran disputa (hasta el año 1.005.702), que acaba con la decisión conjunta de que el planeta les pertenece a ambos por igual. Durante ese millón de años, la vida sigue desarrollándose en el planeta sin ellos, a pesar de las terribles catástrofes que sus disputas generan. Como tregua permanente, toman la decisión de crear un nuevo ser, formando su cuerpo con una parte igualmente proporcional de cada uno de ellos. Nace Tran-Elith, una figura imparcial que equilibra la balanza cuando esta se desequilibra.
En el año 2.253.062 (1.247.360 años más tarde), los tres Dioses, aburridos de tanta inexistencia en su planeta, deciden crear seres que puedan entretenerles:
- Lyane crea a los dragones y a los hevrebils (serpientes marinas de grandes dimensiones que rara vez salen a la superficie terrestre
- Ethorin crea a los unicornios y a los arans (caballos alados de casi el doble de tamaño que un caballo normal)
- Tran-Elith crea a los híbridos (criaturas con distintas piezas de animales y gran tamaño corporal)
Sin embargo, estas criaturas no satisfacen enteramente a los Dioses, puesto que el mundo seguía siendo dirigido sólo por el instinto y un pequeño atisbo de inteligencia.
Ethorin, especialmente aburrido, comenzó a trazar un plan de concepción. Sabía que era posible, puesto que ya lo había hecho anteriormente con su antagonista Lyane. Poco a poco, con sus artes de persuasión, sedujo a Tran-Elith hasta que la divinidad, engañada por el carisma del Dios, cayó en sus brazos. Así fue como en el 2.677.241, el plan de Ethorin obtuvo sus frutos, en forma de energía: Karak, la Diosa de la Naturaleza.
Por celos, Lyane acudió a Tran-Elith en llamamiento al equilibrio que la divinidad había roto, sugiriéndole la necesidad de formar una nueva alianza, con la concepción de otro nuevo ser. Así es que en el año 2.677.799 (558 años después), se terminó de dar vida a un nuevo ser: Morke, Dios del Clima.
Mas con este gesto, el equilibrio no quedó restaurado, puesto que al contrario que Karak (fiel a su padre Ethorin), Morke había desarrollado la capacidad de ser ajeno a los problemas que sucedían en aquel planeta, entre sus progenitores y hermana.
En el 2.680.312 (2.513 años más tarde), Tran-Elith decide poner fin a todo lo que tiene que soportar. En un acto de venganza, camuflado en aspecto de justicia, consigue que Ethorin le dé una vástago: Shaina, Diosa de la Justicia y el Castigo, a la que educa con esas premisas.
En el mismo momento, consciente de la situación, fue Tran-Elith en persona el que acudió a Lyane, proporcionándole el hijo que una vez más, como muestra de sus prioridades, acabaría con el dominio de Ethorin y restauraría el equilibrio. Aquel hijo fue Cartos, el Dios de la Guerra, del Sacrificio Personal y de la Codicia.
Restablecido el orden en el Hogar de los Dioses, el caos comienza sobre la tierra de Eikha. Ambos bandos, el del Bien y el del Mal, lucharon por el control y el domino de las distintas razas que había en el suelo, los que ellos mismos habían creado anteriormete.
Los Dioses utilizaban los cuerpos de sus criaturas en su obra personal, ocupándolos y controlándolos como marionetas. Poseían a su antojo en movimientos bélicos para herir alguno de los cuerpos poseídos por cualquier otro Dios del bando contrario. Todas las criaturas enloquecían al ser abandonadas por el cuerpo de los Dioses, creando verdaderos estragos en la población (lo que aún entretenía más a los Dioses).
Motivados por el incremento de la locura de la población y su sufrimiento posterior, en el 3.256.446, Tran-Elith y Shaina, deciden establecer una ley para acabar con el sufrimiento de sus criaturas. La Ley es simple: la posesión de un cuerpo, crea tal destrozo mental en el interior de los seres que es obligatorio acabar con su vida al salir del cuerpo. De éste modo, evitarían, no sólo el enloquecimiento del ser al que poseen, sino también que éste (debido a su locura) pudiera hacer daño al resto de seres.
Los Dioses siguieron poseyendo a sus criaturas, ajenos al dolor y la destrucción que pudieran causar. ¿Qué le importa a un ser inmortal la muerte de un ser perecedero?
Tuvieron que parar cuando descubrieron que la población se había reducido tanto, que si seguían así acabarían por extinguirse. Siempre podrían haber decido crear más seres para continuar con su perverso plan, pero la elaboración de un solo ser conllevaba más energía de la que podían invertir.
Los Dioses comenzaron a aburrirse de nuevo y para que la población se recuperase, se olvidaron de lo terrenal y fueron de regreso al hogar de los Dioses. De éste modo, comienzan a interactuar entre sí. Sin embargo, esta actuación no deja el suelo de Eikha indiferente, puesto que Morke, abrumado por la repentina aparición de toda su familia, comienza a crear catástrofes naturales a la espera de que regresen de donde vinieron y a él le dejen en paz.
Viendo el poder destructor que Morke había iniciado, Shaina le encerró durante aproximadamente 1 millón de años, hasta que el Dios del Clima se acostumbró a la presencia del resto de su familia.
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0 |
1.005.702 |
2.253.062 |
2.677.241 |
2.677.799 |
2.680.312 |
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Llegan Ethorin y Lyane |
Nace Tran-Elith |
Seres primigenios |
Nace Karak |
Nace Morke |
Nacen Shaina y Cartos |
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