Cuando un ser es tan mágico como en su día lo era Othet, ¿cómo puedes contenerlo con el propósito de que no se escape?
Los híbridos no tenían forma de controlar la magia. Eran seres que no podían canalizarla y por tanto, menos aún detenerla. Parecía que su guerra estaba condenada al fracaso y eso enfurecía al Dios de la guerra, pues los Originales no era una raza que hiciera satisfacer su necesidad de sangre.
Precisamente por eso mismo el propio Cartos, sólo por el disfrute personal que ello le producía, forjó unas cadenas con las que evitar el uso de la magia. Un bloqueador divino en forma de materia fundida que, alrededor de quien se pusieran, evitaría el uso de la magia. Le dió forma de cadena porque el Dios pensó que sería aún mayor la humillación, tal y como había presenciado que los grilletes causaban en los mortales. No habría tenido el mismo efecto si hubiese sido una joya preciosa y exuberante que llevar al cuello, por lo que la hizo lo más mundana posible.
Además de ello, cuenta la leyenda del objeto que estos grilletes son capaces de adaptarse a cualquier muñeca, a cualquier cuello y a cualquier forma, lo mismo sirve para una criatura pequeña como un whildom que para una criatura extraordinariamente grande como un dragón, algo muy útil a decir verdad. Si Cartos creaba algo, lo hacía a conciencia de causa.
Sin embargo, a pesar de su extraordinario poder y de su gran ventaja ante ciertas cuestiones, el hecho de tener una apariencia completamente normal y ningún signo de divinidad ha hecho que posiblemente este objeto haya quedado enterrado entre un millón de cadenas más, junto con un millón más de grilletes, todos ellos corrientes, abandonados en cualquier sótano de cualquier prisión o mazmorra.
O quizás puede que estén en posesión de un gran jefe del mundo de Eikha.
O quizás esperando a alguien con grandes dotes mágicas para encerrarlas alrededor del metal.
O puede que ni siquiera existan y esto sea sólo una leyenda más.
O…
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