domingo, 30 de abril de 2023

Prólogo

 Paz y orgullo

¿No te das cuenta de lo sucio que está el mundo? Observa bien. ¿Soy un mal menor o por el contrario soy un mal necesario? Habrá gente que afirmará que he venido a destruir el mundo; sin embargo, para construir una torre que logre alcanzar el cielo, los cimientos han de ser sólidos. Y éstos no lo son.

Hay mucha gente que afirmará querer vivir en paz. Todavía no tengo muy claro si sé a lo que se refieren. ¿Hablan de no tener que enviar a sus hijos e hijas a combatir por un rey al que no conocen? ¿Quizás hablan de no necesitar defender lo suyo y saber respetar lo de los demás sin codiciarlo? o… ¿hablan de una paz interior? ¿Hasta qué punto desean la paz? ¿Qué estarían dispuestos a entregar por ella?

La justicia requiere venganza. El equilibrio requiere guerra. La igualdad requiere sacrificios. No hay nada que nada cueste, ni en este mundo ni en ningún otro. Los que quieren la paz sin ofrecer, son unos necios; o unos egoístas.

Quizás en los tiempos de los Originales aquello fuese una realidad tangible y fácil de alcanzar. Todavía no había cimientos en Eikha. Pero la Era de la Luz hace mucho tiempo que terminó y Othet ya rompió sus cadenas y demostró que el que algo quiere, por algo lucha. Ni siquiera él mismo lo hizo a través de la paz, pero la paz halló.

¿Qué lleva a un reino a buscar tierras más allá de todas las que ya posee aún a riesgo de perderlas al poco? La ambición. ¿Qué empuja a un hombre o una mujer a coger lo que no le pertenece y hacerlo suyo? La avaricia. ¿Qué lleva a una persona a estar intranquila consigo misma? Los remordimientos.

  En cualquier caso, todas estas personas atribuyen a su propiedad cuestiones que no lo son: apoderarse de vidas ajenas como si se tratasen de piezas de ajedrez; pretender dar posesión a algo que igual no lo tiene o que lo tiene en otro, alegando su causa como justa, equitativa o igualitaria; o bien haber hecho o no haber hecho sin contar con decisiones de otras personas en las que su alma no puede encontrar las respuestas. En otras palabras: exceso de orgullo. Ego mal medido creyéndose el centro del universo.

Como si ellos, que carecen de una visión conjunta pudieran hacerlo mejor… De verdad, necios.

Pero para eso estoy yo, para eliminar de un plumazo todo el orgullo de la humanidad. ¿No quieren ser los villanos de la historia? Que no se preocupen. No tendrán que quitarse la venda de los ojos si no quieren y podrán seguir justificando sus actos como más les plazca. Mi alma está tranquila y es consciente de cuál es su papel: llevar la justicia, el equilibrio y la igualdad, si hace falta a través del resarcimiento, la expiación y la eliminación de la vanidad.

Yo soy la venganza, soy el sacrificio y soy la guerra. Yo soy el fuego y la sangre. Yo soy la paz.

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