Sesión 2ª
1ª parte
-Si no lo encuentras aquí, no merece la pena buscarlo- fueron las palabras que recibieron los oídos de Kopak cuando sonó la campanita de “El Rincón del Objeto”.
La tienda era un edificio de piedra, revestido en madera en algunas secciones. Se veía bastante bien conservado a pesar de los años que debía llevar ahí colocado. El interior, también de madera, estaba abarrotado de objetos de todo tipo, bien ordenados y clasificados. Una chimenea en el centro de la estancia crepitaba, a pesar del calor del exterior y daba un potente aroma a humo de madera y… ¿lo que parecía alguna hierba aromática? clavo posiblemente.
En la entrada había una señora de bastante edad, con cara de no tener ganas de estar ahí ni un segundo más de su vida, pero resignada a no morirse. El pelko notó que la mujer repetía esa frase desde hacía años, con el mismo tono de voz monótono y con las mismas ganas inexistentes. Tela D’Pian, supuso el gris.
Como la mujer no dejó de mirarle y no dijo nada más, Kopak se bajó brevemente uno de sus guantes para dejar entrever su tez gris. El movimiento le resultó algo frenético a la anciana, pero le dió tiempo de ver el color de su piel y entender por qué no hablaba. Sin palabras, como en un mudo ritual, la mujer sacó un orbe de lisan haciéndolo rodar por l a mesa sin apenas tocarlo, que llegó al pelko.
-Te lo dejo barato si lo quieres - comentó señalando la piedra negra y roja -. Si no, tendrás que devolvermelo cuando acabes de hablar.
Kopak no sentía la necesidad de hablar para que sus mensajes fueran entendidos, pero aceptó el orbe encogiéndose de hombros. Sabía que le ayudaría a que la mujer se sintiese más cómoda con la conversación y que así era más probable que pudiera sacarle algún provecho al asunto.
-¿Qué sabes del uxurum? - preguntó sin rodeos, con esa voz metálica que nunca le había parecido confortable.
-¡Vaya! Eres bastante directo - la voz de la tendera sonaba nasal y ronca, como si alguien estuviese apretando sus fosas y hubiese bebido litros de brandi la jornada anterior. Parecía casi tan metálica como si hablase con otro orbe -. Puedo decirte que es difícil de localizar y caro de comprar. La mayor parte del mundo no lo conoce y hay que tener… cuidado de a quién le preguntas.
-¿Tienes? - ¿había algo de urgencia en la pregunta?
-No, pero podría conseguir - la vieja mujer tamborileó sobre el mostrador -. Aunque tengo un problema que me apremia más - miró de reojo al pelko -. Como te habrás dado cuenta, soy vendedora de objetos. Algunos de ellos son comunes, para gente del pueblo, de los alrededores, aventureros… Otros objetos… bueno, son más… exclusivos.
Como el pelko era incapaz de vocalizar por sí mismo, se había vuelto un experto en entender las posturas, los gestos y los tonos que utilizaban el resto de razas cuando se comunicaban, con el fin de copiarlos a la perfección para que sus silenciosos mensajes calasen de igual manera.
Ilegales. Lo que la anciana quería decir era ilegales. Una media sonrisa asomó en el rostro de Kopak, sonrisa que sus vendas y su máscara no dejaron entrever. Mejor. El uxurum no era un mercado que necesitase ampliarse lo más mínimo.
-No me malinterpretes - dijo de manera casi inmediata la señora, leyendo también el silencio y la postura del gris -. Ya sabes que las piedras funwala son propias de las profundidades y que los tizûes las usan para muchos de sus rituales. Que a mí me llegue en forma de polvo es solo una casualidad - a pesar de tener el orbe se lisan, la conversación con Kopak no tenía pinta de ser fluida -. Eigor era el que me la suministraba no sé si te habrán hablado de él - Kopak asintió -. No es que la vida del muchacho no me importe, pero necesito reactivar el suministro porque tengo… ciertos compromisos previos ya apalabrados y mi palabra es una de las cosas que más rentabilidad tiene mi negocio. Si me traes polvos funwala, te prometo darte el equivalente en uxurum. Me da igual cómo lo consigas: puedes elegir si localizar a Eigor o reemplazar el suministro de otra forma - la frialdad en su tono de voz fue bastante notable, a pesar de haber dicho que el pelko le importase. Tenía un corazón de hielo para los negocios.
-¿Dónde puedo empezar a buscarlo?
-Bueno, sé que el muchacho se ha metido en un gran lío, porque la familia Vallaram va tras él, pero según tengo entendido, la hija de Airbin lo ha revolucionado todo. Yo preguntaría en cualquiera de esos dos sitios para encontrar al muchacho. Si quieres conseguir la droga, será mejor que hables con la hermana, con Kamin. Ella quiere hacer creer a todo el mundo que no tiene nada que ver, pero ya se sabe - la anciana se encogió de hombros.
-¿Qué aspecto tiene esa droga? - sabía de la existencia de esos polvos y que muchos pelkos traficaban con ellos, ya que eran los únicos que podían adentrarse tanto en las profundidades. Pero Kopak jamás había visto las piedras de las que procedía la droga. Esas piedras eran tan cotizadas que los grises a cambio podían conseguir cosas que no se encontraban en las profundidades.
Por toda explicación, la mujer sacó una bolsita de tela, impermeabilizada por dentro y la dejó medio abierta sobre el mostrador. Habría como tres o cuatro pellizcos de un polvo que oscilaba entre el rosa y el verde, de un aspecto harinoso, bien molido y fino, sin grandes granulados de piedra. Parecía refulgir bajo la luz.
-La primera te la dejo en cincuenta monedas de cobre - dijo la mujer con una sonrisa en la cara -. Sé que si lo pruebas, volverás a por más.
Sin dar las gracias verbalmente, Kopak entregó las monedas y el orbe de lisan con mucho cuidado a la vez que cogía la bolsita e inclinando la cabeza en señal de despedida, se marchó, haciendo sonar la campanita. Iría a por esa tal Nylah Nyuli a ver qué podía contarle sobre el pelko desaparecido. Después de todo, ya había salido mencionada en demasiadas conversaciones. ¿Quién podía tener más información sobre Eigor o Nylah? Ya había hablado con con Kamin, la fuente más cercana a Eigor. Ahora le quedaba saber más de esa tal Nylah. Parecía obvio hablar con su padre, así que se encaminó hacia “La Jarra Rota”, de nuevo.
A mucha gente le frustraría andar y desandar sus pasos, ir juntando las miguitas poco a poco en lugar de tener toda la inflación de vez. Sin embargo, a Kopak le resultaba agradable. No era algo en lo que tuviera prisa. Su maestro le había enseñado el gran talento de la paciencia, de hacer las cosas con cuidado y no dejar en la sombra ningún tipo de información. Quizás fuera meticuloso, pero si no apremiaba el tiempo, era la mejor forma de actuar.
La taberna se encontraba ya bastante llena, con un montón de feligreses acudiendo al toque de la campana para el rezo, que consistía en levantar la copa cuantas más veces mejor. Todavía no tenía ese fuerte olor a alcohol derramado y se podía percibir el olor de la comida, pero prácticamente todos los presentes participaban en que aquello acabase pronto.
En cuanto Kopak localizó a Airbin no perdió mucho tiempo: se acercó a él y sin más, sacó la bolsa que Tela D’Pian le había dado momentos antes. El tabernero, con tremenda curiosidad, abrió la bolsa, viendo en su interior los pellizcos de polvos funwala. Con un aire suspicaz, intentó escrutar la máscara que Kopak llevaba. Pero las máscaras son muy útiles para cubrir gestos.
-No consumo, gracias - Airbin cerró la bola y se la lanzó al enmascarado de nuevo.
Kopak negó con la cabeza y sostuvo la bolsa cerrada entre la cara de ambos, sujetándola con solo dos dedos, como si cogerla le diese algún tipo de urticaria.
-Tampoco me interesa traficar y si vienes a amenazarme… - Kopak dejó salir algo parecido a un bufido, se destapó la piel y dejó ver su tono gris - ¿Estás interesado en información sobre Eigor? -Airbin ató cabos rápidamente -. Vaya, no me esperaba que los pelkos sintieseis esa lealtad hacia los suyos. Me alegra.
No era el pelko lo que interesaba a Kopak, ni siquiera la droga. Pero claro, no podía decirlo, ni decirlo le iba a facilitar nada. Siempre sería mejor que pensasen que era un buen hombre, tal cual parecía hacer gala de que era el mirtino.
Kopak esperó en silencio. Eso era algo que molestaba tanto a tanta gente que por lo general solían preferir rellenarlo con palabras. Y eso era información fácil.
-No sé por qué le estás buscando en realidad y, no me malinterpretes, el chico me importa, pero me importa bastante más sacar a Nylah del lío en el que se ha metido con el grupo Vallaram. Rowe está convencida de que fue mi hija la que ayudó a Eigor a escapar y ahora no la encuentro por ningún lado - hizo una pausa que a Kopak le pareció bastante dramática -. Sé que mi hija no es fácil de encontrar si no quiere ser vista, pero aun así estoy preocupado. Sospecho que allá donde esté Eigor, ella andará por allí. Si encuentras al muchacho o a mí hija, no solo estaré en deuda contigo, sino que te pagaré lo que me pidas.
No era frecuente que Airbin dejase mostrar esa mirada de preocupación, porque eso solo les daba información a sus enemigos para poder controlarle. Sin embargo, Nylah era su debilidad. Y el tabernero no atendía a razones bajo ese aspecto de su vida. Además todo el mundo sabía que Airbin ya había comprometido su vida en más de una ocasión por su heredera.
-Si no lo encuentras aquí, no merece la pena buscarlo - la voz sonó sólo un segundo después de que sonase la campanita de “El Rincón del Objeto”.
Aquella mujer ajada soltó la misma frase que su padre había repetido durante años, y su abuela antes que él, y su tatarabuela, y su tataratatarabuelo… con la misma desgana que todos ellos. Ni siquiera levantó mucho la vista del libro de cuentas para mirar al grupo que entraba: dos tizûes y un balty.
Con una sinergia de grupo que se había creado de forma muy rápida, Atuma comenzó a investigar y toquetear todo lo qie había en la tienda, mientras Hjertelys vigilaba al hombre pez de reojo y no tan reojo para procurar que nada cayese por accidente en sus bolsillos, a la par que Mowic miraba divertido la escena.
-¡Pero cuántas cosas! - exclamó Atuma dando golpecitos en el brazo a Mowic, que se interesó brevemente por unos botes de mezclas misteriosas marcadas como “pociones de vida”.
-¿Van a comprar algo? - preguntó con voz ronca la tendera, impaciente de ver cómo tocaban todos sus productos sin decidirse por ninguno.
Los dos hermanos se acercaron al mostrador ante la inquietud de Tela D’Pian, con la intención de no molestar más su tranquila mañana. Hjertelys se alegró de sobremanera cuando una cabeza calva y azul se hizo paso entre ellos, para separarlos y situarse en medio. Si estaba ahí no podía robar, ¿no?
-Hemos venido de parte de Kamin, la camarera de “La Jarra Rota” - dijo Mowic educadamente, mientras Atuma no hacía más que repetir “eso, eso” una y otra vez.
-Sé quién es Kamin. Aquí nos conocemos todos y a vosotros no os conozco - era extraño que los tisúes fuesen una raza que cayese mal a la gente, pero Tela parecía tener paciencia cero con ellos.
-Disculpenos, señora. Este es mi hermano Mowick, yo soy Hjertelys y este es… Atuma, un amigo - comentó el morado de pelo blanco señalando a cada uno de los integrantes del grupo mientras hacía las presentaciones.
-La pelka nos ha dicho que su hermano era camello y que te pasaba a ti - dijo Atuma, algo descortésmente para el gusto de los tizûes, que miraron raudos a Tela para ver su reacción.
-Muchacho, no sé si sabes a qué me dedico, pero yo no vendo droga. Los polvos funwala son parte de la religión y la cultura de tus amigos, como supongo te habrán explicado y lo usan para muchos de sus rituales - la anciana estaba verdaderamente ofendida, pero más por menospreciar su servicio de vender objetos exclusivos que porque la hubieran llamado traficante -. Cuando hablas así, muchacho - enfatizó la última palabra -, das pie a que te eche a patadas. Presto un servicio muy particular a mis clientes. Para qué empleen ellos mis productos no es cosa mía.
-Vale, vale… - Atuma levantó los brazos en señal de rendición.
-En cualquier caso - la mujer se dirigió ahora a los hermanos morados -... es cierto que estoy interesada en recuperar la vía por la cual obtenía los polvos y eso sólo lo puedo conseguir a través de Eigor, al menos de forma cómoda.
La conversación se mantuvo unos breves minutos más, donde Tela D’Pian les dió al pequeño grupo prácticamente la misma información que momentos antes le había dado al otro pelko, prometiéndoles un trato similar al que momentos antes le había procurado al gris enmascarado. Cuanto más pudiese abarcar en ese aspecto, mejor. Sólo uno llegaría a encontrar antes que el otro al muchacho y sólo debería cumplir el trato con uno de ellos. Ella ganaba siempre.
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